SALTO DE LA REDONDILLA A LA LENGUA
Las lagunas son el drenaje natural de una buena parte del acuífero del campo de Montiel.
La extensión de las lagunas es pequeña, salvo alguna excepción (lagunas San Pedra, Colgada y del Rey) y su profundidad es variable en función de la climatología, llegando incluso a secarse en las estaciones secas.
El rosario de lagunas que componen el conjunto se encuadra en un tramo angosto del valle del Alto Guadiana y se forma a consecuencia de dos factores: la impermeabilidad de las arcillas que afloran en este punto del fondo del valle impidiendo la continuidad de la circulación subterránea; y la presencia de barreras naturales tobáceas o travertínicas, formadas por la precipitación de los carbonatos disueltos en las aguas del río y por elementos vegetales. Estas barreras surgen a modo de presas en aquellos lugares del lecho en donde existieron alteraciones causantes de turbulencias en el agua y, por tanto, de un incremento de los procesos de oxigenación y precipitación de los elementos disueltos. Las barreras tobáceas, que se componen de sales y capas de musgos petrificados, llegan a alcanzar espesores de más de 15 metros, formando viseras y cortinas. Estas barreras no son estáticas, sino que se forman y se destruyen armónicamente siempre que el proceso no sea interferido por la acción humana. En cuanto a su morfología, estas lagunas nacen a 880 metros de altitud sobre el nivel del mar (Laguna Blanca) y terminan a 760 metros (La Cenagosa). Salvan, por tanto, un desnivel de 120 metros. De la más alta a la más baja, las lagunas se denominan: Blanca, Conceja, Tinaja, San Pedra, Redondilla, Lengua, Salvadora, Batana, Colgada, Del Rey, Morenilla, Coladilla y Cenagosa. Se extienden a lo largo de 25 kilómetros y generan una pendiente del 0,5%, muriendo sus aguas en el embalse de Peñarroya. Su diámetro oscila entre los 250 y los 2.500 metros. Con una profundidad media de unos 6 metros, algunas lagunas como la del Rey y La Colgada pueden llegar a los 20-30 metros. |