Vista aérea del campo de Batalla
El 19 de julio de 1195, Alarcos fue escenario de la batalla que lleva su nombre y que enfrentó a cristianos y almohades en la llanura que se ve entre Alarcos y Poblete.
Tras la victoria almohade y el asalto a la villa, las fosas de cimentación de la muralla, que aún se encontraban abiertas, sirvieron para arrojar los despojos tras el enfrentamiento.
Tanto los cuerpos de los defensores, como algunas de las caballerías del ejército vencedor. Allí mismo se vertieron los restos de deshecho del campamento de Alarcos –restos de animales, cuencos, cántaros, jarras, etc.
Entre estos restos, puntas de flechas, lanzas, espadas de infantes, cuchillos cortos, acicates, herraduras, y demás armas, se distribuían en la fosa sin ningún orden.
Además, toda una serie de piezas que ilustran como era el pertrecho de un ejército de la época: hoces para la recolección de la mies, adornos de la vestimenta, dados para el juego, flautas, botijas y cantimploras.
Todo ello hace que a este conjunto se le considere como único en Europa.
|